ARTÍCULOS EN PRENSA |
| Marzo 1998 |
| Correo del Arte |
| La calidad pictórica de Angeles Peláez no nace de un vano esfuerzo innovador, ni de un único recurso aprendido y reiterado, sino del trabajo exhaustivo y constante de quien apuesta por el buen hacer artístico. Sus obras atrapan la singularidad de cada elemento cotidiano, de cada retazo de vida, con la nítida precisión de su alma sensible y de su pulso firme. Pocas cosas son tan expresivas como sus naturalezas muertas, sus bodegones, que sabe reproducir ron la delicadeza intimista de cada particularidad compositiva, recreándose en el ambiente preciso que envuelve toda manifestación de lo humano. Pero lo que más sorprende en la obra de Angeles Peláez, con la que podemos deleitarmos en la Sala de Exposiciones Durán (Serrano, 30) del 17 de marzo al 4 de abril, es su personal concepción del contraste cromático, de los juegos lumínicos, de las veladuras, de las trasparencias..., elementos todos que dan a la obra esa ensoñación irreal de lo lírico. Las obras de Angeles Peláez emanan el efluvio de la poesía, la cadencia sutil de la música, el eco de las mejores fábulas, y todo partiendo de una sencillez armónica y espontánea que define su personal forma de concebir el arte. Su percepción de los volúmenes queda delimitada gracias a la superposición de planos cromáticos, recurso con el que juega con singular maestría y que facilita una proyección tridimensional de todos los elementos, que se adentran en el lienzo con su importancia precisa. Sus obras son expresivas en todas sus manifestaciones, pero el expresionismo hace sobre todo una apuesta de futuro en obras como "La Marioneta" o "Mundo de sueños" donde la simbología queda patente en un contundente choque visual que se contrapone con otras composiciones más plácidas y menos metafóricas. Los paisajes, por ejemplo, que parecen recrear un "bosque animado", perdurable y vital, circundante, próximo y a la vez mitológico. El otoño se filtra entre las copas ocres de sus árboles entreabriendo todas las posibilidades cromáticas de un sol de octubre. Un trazo suelto, sensible, pero a la vez decidido, posibilita que descubramos todo un universo de sensaciones en cada óleo que no son sino una apuesta por el arte y la sensibilidad. |
| CRISTINA BAJO POLO |
| Periodista |