ARTÍCULOS EN PRENSA |
| Madrid, 17 de marzo de 1998 |
| Pintar es colocar sobre el soporte la capacidad de sentir de cada uno. Hasta ahora, Angeles Peláez la disfrutaba en solitario, con la compañía de sus familiares y amigos. A partir de esta exposición parece posible que nos haga partícipes de sus ascéticos soliloquios a otras personas que no pertenecemos al círculo íntimo que la rodea. Angeles, que hace dos décadas que se ejercita en el ámbito plástico, nos ofrece un puñado de bodegones de perfiles rotundos y abigarradas formas. Sus composiciones interpretan una realidad completada desde una perspectiva poética, sobre todo en las obras tituladas "Tres tulipanes", "Transparencias", “Intimo", "Fantasías en azul" y "Sueños y sugerencias". Yo diría que Ia expresividad de Angeles oscila entre Morandi y San Francisco, porque sus flores, humildes, y los elementos de los bodegones, extremados en su sencillez, son representaciones delicadas de la cotidianidad, en las que lo transparente es uno de sus valores plásticos más repetidos, conseguidas con veladuras y superposición de capas cromáticas, que a veces adquieren apariencias texturales debido a un trabajo volumétrico. Al margen de las naturalezas muertas, hay que mencionar un par de paisajes arbolados, epigrafiados "El bosque dorado" y "Bosque desnudo". El primero ha sorprendido en las copas el ocre convertido en oro, el otoño en que salió a los alrededores de Talavera de la Reina, mientras el segundo plasma los troncos desnudos como referentes melancólicos de las estaciones que se suceden sin descanso a lo largo de nuestras vidas. El tiempo detenido fue bautizado por José Luis Verdes como "Y, al fondo, la soledad", donde un molinillo de café es un recuerdo apreciado de la historia personal de la pintora, que le da un manivelazo más a su expresión con el cuadro "La marioneta", vinculado al expresionismo y que desarrolla una dinámica pictórica que promete otros territorios muy sugerentes para el futuro. Y como estrambote final, una pregunta para Angeles, ¿por qué las formas circulares colonizan una y otra vez sus composiciones? ¿Será, como aseguraba Carl Gustav Jung, que ella también aspira a la perfección, que es la simbología de la geometría circular? Sólo ella tiene la respuesta. Pero esa es otra historia |
| CARLOS GARCIA-OSUNA |
| Crítico de Arte, Escritor y Periodista |